lunes, 9 de mayo de 2011

Sábato y Borges o Ernesto y Jorge Luis

El arte y los sueños
Un encuentro que dejó huellas
por Claudia Vai


      En diciembre de 1974, el periodista Orlando Barone reunió a los escritores Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato para hacerlos dialogar. Como resultado de esos encuentros Barone publicó un libro denominado: “ Jorge Luis Borges - Ernesto Sábato - DIÁLOGOS”

      En uno de esos diálogos hablan sobre el arte y los sueños, les transcribo un fragmento:

Borges: - Una persona que sueña es a la vez el teatro, el actor, el autor y el decorado (Sábato asiente con la cabeza)

Barone: - Pero ¿ por qué tantas veces los sueños son angustiosos ? ¿Más angustiosos que felices ?

Sábato: Porque no tienen salida. El arte y el sueño tienen un principio común, a mi juicio. Pero en el arte hay salida y en el sueño no. El artista se sumerge, en un primer momento, en el mundo de su inconsciencia, que es el de la noche y en eso se parece al sueño. Pero luego vuelve hacia fuera, es el momento de la expresión, depresión hacia fuera. Es entonces cuando el hombre se libera. En el sueño todo queda adentro.

Borges: - Veo que usted, Sábato, es un especialista en sueños.

Sábato: - Todos lo somos.

Borges (irónico): - Sin embargo conozco personas tan desdichadas que no han soñado nunca (se rién)

Sábato: - Es lo que creen. Todos soñamos, casi todo el tiempo. Se han hecho unos experimentos. Se hace dormir a un sujeto. Cuando empieza a soñar, y eso se sabe por el encefalógrafo, se lo despierta. Luego se lo hace dormir de nuevo y de nuevo se lo despierta cuando empiezan los sueños. Dicen que así se ha puesto al hombre al borde de la locura. Esto prueba que el sueño sirve para no volverse loco en la vida cotidiana. Yo pienso que con el arte pasa lo mismo. Que el arte es para la comunidad lo que el sueño es para el individuo. Tal vez sirva para salvar a la comunidad de la locura. Y esa sería la gran misión del arte.

Borges: - Recuerdo un sueño, hace unas noches. Había encontrado un libro inglés del siglo XVII y me decía que era muy lindo haber hallado esa edición, pero después pensé que si estaba soñando al otro día no iba a encontrarlo. Entonces me dije, voy a poner el libro en un lugar seguro, y lo puse en un cajón de la biblioteca. Así, iba a poder ubicarlo cuando me despertara.

Sábato (con leve ironía) - Un sueño borgiano !

sábado, 7 de mayo de 2011

Palacio Barolo de Mario Palanti. Buenos Aires-Argentina


La morada del Dante y su amada Beatrice en Buenos Aires.
El cielo no puede esperar.
por Patricia Bottero
     
Palacio Barolo. Av. de Mayo 1370.
       Visitar el Palacio Barolo nos propone un encuentro con la Divina Comedia transformada en construcción alegórica. Desde 1997, Monumento Histórico Nacional, este edificio alberga el misterio de  tres visionarios italianos: su arquitecto milanés, Mario Palanti, su dueño, Luigi Barolo, y el poeta florentino, Dante Alighieri, de quien toma inspiración. Todos ellos masones, sus símbolos están incluidos en este inmenso homenaje al Dante.Curiosamente, tiene su hermano gemelo, el Palacio Salvo, construído por el mismo arquitecto en Montevideo.

Hall principal en la planta baja (el
Infierno) vista hacia la Av. de Mayo.
       Todo estuvo finamente planificado, con un profundo amor al detalle, desde la elección de la altura 1300 de la Avenida Rivadavia, por ser el año en el que Alighieri escribió la Divina Comedia, hasta la fecha de inauguración que coincide con el 600 aniversario de la muerte del poeta. 
       El palacio y la Divina Comedia están divididos en tres partes: el Infierno, el Purgatorio y el Cielo.  La altura del edificio es de 100m como 100 son los cantos de la obra, cada uno de los reinos con 33 cantos más el canto introductorio. Las nueve bóvedas de acceso representan los nueve círculos de iniciación, es decir, las nueve jerarquías infernales. 
   
Vista desde la planta baja
hacia Hipólito Irigoyen.
       El recorrido comienza en la planta baja, el Infierno,(no nos guía Virgilio sino Tomás)donde observamos en el piso los símbolos del fuego y en las columnas las imágenes de cuatro cóndores y dos dragones.

Símbolo del fuego en la planta baja.
     
   Las arcadas del techo muestran inscripciones en Latín, buscamos la referida al arte que expresa: "Ars. homo aditus natura" (El arte es el hombre influyendo sobre la naturaleza)

       En el centro de la bóveda, ubicada sobre la estrella de 7 puntas, se encuentra en exposición una reproducción de la estatua de un cóndor, sobre ella el cuerpo del Dante elevándolo al paraíso. La idea inicial era trasladar los restos del poeta y así, funcione como mausoleo.
  
Yo Beatriz, soy quien te hace caminar;
vengo del sitio al que volver deseo;
amor me mueve, amor me lleva a hablarte.

Cuando vuelva a presencia de mi Dueño
le hablaré bien de ti frecuentemente.”
Entonces se calló y yo le repuse:

 “Oh dama de virtud por quien supera
tan sólo el hombre cuanto se contiene
con bajo el cielo de esfera más pequeña,

de tal modo me agrada lo que mandas,
que obedecer, si fuera ya, es ya tarde;
no tienes más que abrirme tu deseo.

Mas dime la razón que no te impide
descender aquí abajo y a este centro,
desde el lugar al que volver ansías.”

“ Lo que quieres saber tan por entero,
te diré brevemente ‑‑me repuso
por qué razón no temo haber bajado.

Temer se debe sólo a aquellas cosas
que pueden causar algún tipo de daño;
mas a las otras no, pues mal no hacen.

Dios con su gracia me ha hecho de tal modo
que la miseria vuestra no me toca,
ni llama de este incendio me consume.

Una dama gentil hay en el cielo
 que compadece a aquel a quien te envío,
mitigando allí arriba el duro juicio.

Simbología masónica en la letra A
y flor de liz en la punta de la aguja.

Canto II. El Infierno. La Divina Comedia.

      Como todo el grupo de visitantes, al parecer, a criterio del guía, éramos muy buenas personas, tomamos el ascensor directo  hacia el 9º piso donde damos inicio al recorrido por el Purgatorio. Descendemos en el piso 14 e iniciamos la parte alpínica compuesta por el ascenso de 6 pisos por una muy angosta escalera, no recomendable para claustrofóbicos. Casi sin percibirlo, felices pero con la respiración agitada, ingresamos al Cielo (no nos guía Beatriz sino que sigue siendo nuestro guía Tomás). Nos detenemos en el piso 20. Allí, se observa una de las más hermosas vistas a las Plazas Lorea, Mariano Moreno y del Congreso, el Congreso Nacional y la Avenida de Mayo hasta su transformación en la Av. Rivadavia.

Vista desde el 9ª piso,
inicio del Purgatorio
 
Pero allí va fluyendo el Eunoé:
condúcele hasta él, y como sueles,
reaviva su virtud amortecida.»

.....................................
De aquel agua santísima volví
transformado como una planta nueva
con un nuevo follaje renovada,
puro y dispuesto a alzarme a las estrellas.


Canto XXIII. Purgatorio. La Divina Comedia.
Vista panorámica desde el piso 20 del Palacio Barolo

       Desde allí resta el ascenso hacia el faro, que representa los nueve coros angelicales, el Cielo en plenitud, pequeño lugar al que ascendiendo por una escalera aún más estrecha, con su techo bajísimo llegamos para admirar este mítico símbolo de la Av. de Mayo, completamente rodeado de vidrio. Allí, sentados en pequeñísimos microalmohadones, escuchamos la última parte de la visita no apta para personas con vértigo, para ellos aún: El cielo puede esperar...


Faro en el Cielo
"En el cielo que más su luz recibe
estuve, y vi unas cosas que no puede
ni sabe repetir quien de allí baja;..."

Canto I .El Paraíso. La Divina Comedia

viernes, 6 de mayo de 2011

Sábato y Galeano o Ernesto y Eduardo.

Dos maestros nos invitan a reflexionar.
por Claudia Vai
para amartuarte

      El sábado 30 de abril, falleció el escritor, ensayista, físico y pintor argentino Ernesto Sábato.
     Durante el transcurso del programa televisivo “El Refugio de la Cultura” , que se emite semanalmente por Canal 7, el periodista Osvaldo Quiroga lo recordó a través de un recorrido por su obra literaria y su extensa trayectoria de vida. Deseo compartir con ustedes un texto que fue leído por el actor Juan Leyrado:       
       
 Máscaras – Ernesto Sábato

      Persona, quiere decir máscara y cada uno de nosotros tiene muchas.
    ¿Hay realmente una verdadera que pueda expresar la compleja, ambigua y contradictoria condición humana?.
     Siempre es terrible ver a un hombre que se cree absoluta y seguramente solo, pues hay en él algo trágico, quizás hasta sagrado y, a la vez, horrendo y vergonzoso.
      Siempre llevamos una máscara, que nunca es la misma, sino, cambia para cada uno de los lugares que tenemos asignados en la vida: la del profesor, la del amante, la del intelectual, la del héroe, la del hermano cariñoso.
      Pero ¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad, cuando creemos que nadie nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca?.
      Acaso el carácter sagrado de ese instante se deba a que el hombre está, entonces, frente a la Divinidad o, por lo menos, ante su propia e implacable conciencia.
      ¡Cuántas lágrimas hay detrás de la máscara!
      ¡Cuánto más podría el hombre llegar al encuentro con el otro hombre, si nos acercáramos los unos a los otros como necesitados que somos, en lugar de figurarnos fuertes!.
      Si dejáramos de mostrarnos autosuficientes y nos atreviéramos a reconocer la gran necesidad del otro que tenemos para seguir viviendo, como muertos de sed que somos en verdad ¡cuánto mal podría ser evitado!

    Lo que Sábato nos propone en este texto parece ambicioso y sospecho que difícil de cumplir. Sin embargo, cada vez que lo releo compruebo que “Máscaras” encierra una gran dosis de Utopía, y es aquí dónde Eduardo Galeano se hace presente con su “Ventana sobre la utopía”:

- Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía, entonces?Para caminar, para eso sirve!.                                              
       Otra vez, dos maestros que comparten la exquisita sensibilidad por la selección y combinación de las palabras, nos ayudan a reflexionar. Creo que vale la pena intentarlo.

lunes, 2 de mayo de 2011

Jack va a remar de Philip Seymour Hoffman

Del amor. La infidelidad y otros demonios.
Comedia dramática sobre las relaciones humanas entre cuatro personajes invisibles de Nueva York.
por Patricia Bottero

        Una pareja acabada y otra que recién comienza.
     La primera, Lucy y Clyde, conforman una típica pareja no feliz convencida de que la solución para los avatares de la vida de los otros radica en "emparejarlos".  Pregonizan los discursos argumentativos, lugares comunes, propios de la infidelidad:"Si tuvieras una relación larga, entenderías". ¿Se perdonan realmente las infidelidades? ¿ Los matrimonios por más largos que sean, duran sólo lo que dura un malentendido? Ellos creen que eso es el amor.
      La segunda, Jack y Connie, solteros, tímidos y muy peculiares.  Ellos creen que el amor, puede ser algo diferente...
     Simple y profunda comedia dramática sobre las relaciones humanas en donde la amistad incondicional es también tema central.
     
    Basada en la obra de teatral de Bob Glaudini, quien realizó también el guión para la película, fue representada en el año 2008 en Buenos Aires, en el teatro Metropolitan, por Rafael Ferro (Jack), Lola Berthet (Connie), Luciano Castro (Clyde) y Agustina Lecouna (Lucy) bajo la dirección de Santiago Gobernori,
      Philip Seymour Hoffman/Jack,  en su primera y prometedora experiencia como director de cine, interpreta un personaje que le calza a la perfección, da clases de actuación y de cómo "conquistarse" y conquistar a una mujer diferente en la mediana edad de sus vidas.

sábado, 30 de abril de 2011

Harold and Maude de Hal Ashby

Cuando la música es la gran protagonista
La vida y la muerte en clave de comedia negra o cuántas veces debemos morir para empezar a vivir.
por Patricia Bottero


"La coherencia no es una característica humana"
Maude


"Todos tenemos el derecho de ponernos en ridículo"
Maude


"If you want to be free, be free"
Cat Stevens


"Harold: Te amo.
Maude: Eso es maravilloso. Ve y ama todavía más."
     
      
       
        Es poco probable, cuando la historia que se quiere contar es tan potente y original, que la música alcance tal protagonismo. Harold y Maude de Hal Ashby,  película del año 1971, lo logra  convirtiéndose en parte entrañable e imprescindible del relato.
      Las hermosas canciones compuestas e interpretadas por Cat Stevens, inmortalizado por su "Father and Son", conforman la banda sonora  del film. Dos temas fueron compuestos por él especialmente para la película “Don’t Be Shy" y “If You Want to Sing Out, Sing Out”, los mismo darán inico y cierre a la cinta respectivamente, siendo el último además su leitmotiv.
      Desde los créditos vemos a  Harold, un joven millonario de 19 años, jugando al suicidio y a su egocéntrica madre aceptando partícipe el juego, mientras escuchamos “Don’t Be Shy".
      El tratamiento con su psicoanalista, a quien le dirá que su afición es asistir a  entierros y la clase de "patriotismo"  que le dará su tío militar Víctor,  son algunas de las instancias a las que recurrirá su madre, usuaria incansable de múltiples  pelucas, para "corregir" a su hijo.

      En la escena de la compra del auto usado escuchamos "On the Road to Find Out". Mientras vemos a Harold asistiendo al entierro de un desconocido escuchamos "I whish, I wish". Aquí toma contacto visual por primera vez con Maude, una mujer anarquista, quien ha estado en un campo de concentración y con sus 79 años de edad es poseedora de una vitalidad desbordante. Luego, tomarán contacto verbal adentro de una Iglesia, lo cual no es un dato menor, en relación al desenlace de la historia. Ella  será su compañera desde ese momento. Harold está atrapado. Maude es un esprítu libre. Ambos comparten la afición por los entierros. La muerte los ha tatuado para siempre, pero morir , sabemos, no está en la esencia del amor. Su relación es la temática central a desarrollarse. Cat Stevens los guía decodificando emociones y llenando de poesía el universo creado por Ashby.
      Seguidamente en la escena del próximo suicidio simulado y compartido por su madre en la piscina, escuchamos la música de  Tchaikovsky con el concierto de piano Nº 1 que le brinda toda la potencia necesaria al momento.
      La solución que implementará la madre ahora será la del casamiento. Para encontrarle candidata, ella llenará un formulario en una memorable escena seguida del tema "Miles from Nowhere".
      Una mirada de complicidad a la cámara con el espectador, la implícita relación sexual entre los protagonistas mientras escuchamos "I Think I See the Light", sumada a otras sorpresitas, la convierten en una película adelantada a su época.


     La escena de las margaritas y el cementerio, de impactante fotografía viene acompañada del tema "Where do the childen play?". A Harold le gustaría ser igual a todos, Maude le mostrará la belleza de ser diferente.
      La escultura en madera de la vagina  de la casa de Maude por donde Harold posará la cabeza,  símbolo del renacer a su lado a una vida llena de aromas, sabores, texturas,  música (ambos cantarán al piano “If You Want to Sing Out, Sing Out”) , y bailes (ellos bailarán juntos el vals "Danubio azul" de Johann Strauss) irán configurando esta particular relación desbordante de vida.
      Sobre el excelente final escuchamos "Trouble", canción compuesta por Cat Stevens en 1968, cuando estuvo internado más de un año al borde de la muerte por tuberculosis, en la que canta "Trouble, trouble  go away.  I have seen your face and it´s too much for me today..." (Problema, problema aléjate de mi. He visto tu rostro y hoy es demasiado para mí...)
      Una banda sonora inolvidable para una película diferente, plagada de humor negro que vale la pena  ver para compartir el renacer de Harold, disfrutar de la música de Cat Stevens, recordar su leitmotiv "..If you want to sing out , sing out. If you want to be free, be free..." y las frases de Maude hechas a la medida de Harold: "¡Vive!" y "!Deja que la música salga de ti!"

viernes, 22 de abril de 2011

El héroe del Monte Dos Hermanas de Rodrigo Vila

El camino de la redención.
por Patricia Bottero
"Los héroes son los que quedaron allá"
Omar Poltronieri


     

       Con una fotografía deslumbrante de las islas Malvinas  y de la provincia de Entre Ríos, una música envolvente, dramatizaciones de situaciones de guerra y de traumas post guerra en dibujos en blanco y negro; este documental clásico en su estructura, pero atípico en relación a la temática que narra, cuenta la historia de Omar Poltronieri, ex combatiente de Malvinas,  único soldado en la historia argentina en recibir la cruz " La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate" por parte del Ejército .  La fundamentación para tal reconocimiento fue por: “Constituirse durante toda la campaña en ejemplo permanente de sus camaradas, por su espíritu de lucha, sencillez y arrojo, ofreciéndose como voluntario para misiones riesgosas. En combates desarrollados en las zonas de los Montes Dos Hermanas y Tumbledown, eficazmente con una ametralladora, deteniendo ataques enemigos. Fue siempre el último en replegarse, resultando sobrepasado en ocasiones por los ingleses. Dos veces se lo tuvo por muerto, pero logró reunirse con su sección y siguió combatiendo con igual decisión y eficacia”; y su regreso a las islas después de 28 años.
       Omar camina por el desolado paisaje de las islas en busca de redención, recuerda los lugares, busca su posición, su arma enterrada en algún lugar aún fresco en su memoria, visita a sus compañeros en el cementerio argentino de Darwin, el Monumento a los caídos y reza en el altar. 
      Intercalados, sus encuentros con el ex-combatiente, oficial británico Mark Curtis, quien dirá     "Hay más muertes por suicidio después de una guerra que la cantidad de muertos en combate". Ellos mantienen una relación que sólo conoce de perdones. También se muestran los testimonios invaluables de otros héroes de Malvinas y de sus padres.
      La inocencia y la sabiduría de Omar están presentes en el relato de un hombre que destacándose en la guerra parece sólo conocer de paz. El viento en las islas no deja de soplar incansable.
      Héroe es el antónimo de cobarde nos dice la Real Academia Española. Su definición menciona varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes. Omar cuenta como terminó vendiendo calcomanías y almanaques en el transporte público para sobrevivir después de la guerra. La historia de tantos otros.
    

El documental ganó el premio "El camino de los héroes" del Bicentenario

El Héroe de José Hierro

Oí latir el corazón del mar
unido al de otras músicas -el vals, la polka, el tango,
el chárleston, el pasodoble, la rumba, el twist, el mádison-,
lo eterno y la que pasa, mano a mano.
La vida. El mar. Y las ciudades: hermosa Viena,
desasosegadora Nueva York,
pasando por París y por Madrid.
Músicas muertas en los tocadiscos
de los muchachos, como antaño en pianolas y organillos.
Música viva, como un mar que transcurre para los soñadores
-Bach, Schumann, Brahms o Debussy-;
señales de otras músicas futuras, de otras vidas,
de otros tiempos -Boulez, Berio, Stockhausen, Luis de Pablo-,
viejos probablemente cuando leáis estas palabras
viejas también, que ahora arrojo al olvido.
Entonces lo vi allí, al héroe, indiferente,
con su uniforme de guardarropía,
anacrónico. El pecho cubierto de medallas y de nobles cintajos,
maravillas de seda y cobre.
Vi al héroe, descansando sobre el banco de piedra.
Los jóvenes que pasan, navegan por la música.
Otros, ya con arrugas, oyen el canto de las olas.
Yo sólo, aquí, entre ellos, el más viejo de todos,
oigo música y mar al mismo tiempo. Es la armonía
de quien nació y ha muerto muchas veces.
No es frecuente que sea así, pero sucede, como ahora:
de súbito se encienden mar y música;
estallan tiempo, espacio, fuera y dentro;
giran deslumbradores vida de ayer y sangre fresca:
es como un huracán irresistible.
Es como un fuego. Yo iba andando
con la felicidad de adentro
y la felicidad de afuera,
suma de aquella humanidad entre la que pasaba.
Y vi al hombre: «Qué harás aquí -le dije-,
descorazonadora criatura,
carcomiendo la plenitud. Qué se habrá muerto
dentro de ti».
Y yo, que oía
todos los sones, sólo oí el silencio, su silencio,
el silencio del héroe,
sordo al mar, a la música, a sus recuerdos y proyectos.
Nueve décimas partes de su vida
debieron de pasar sin acercarse al mar,
sin sospechar siquiera qué paciencia salada,
qué artesanía de olas y de días
son necesarias para producirse
el prodigio de un árbol de coral,
la fantasía helicoidal de un caracol.
Era un héroe deshabitado, sin corona de roble
que le ciña de días gloriosos.
Despojad un instante a esta palabra
-héroe- de tantas adherencias literarias. Borrad
las iconografías consabidas:
Grecia y piedra rosada, cara al mar,
héroes ecuestres del Renacimiento…
Era otra cosa el hombre que yo vi.
Nació en alguna aldea del interior de España-
La piel endurecida, impasibles los ojos
que nada vieron nunca si no fue la llanura
circundada de encinas, donde nació y vivió.
(Donde vivió esperando
su tren de muerte, como yo ahora espero,
mientras nerviosamente escribo estos recuerdos,
al tren que ha de llegar a Medina del Campo
casi al amanecer. Estos sucesos
ocurrieron lejos de aquí, y en mí vivían
solicitando forma, para no ser pura nostalgia.
Sólo esta noche pude hallarles la palabra.)
Allí vivió veinte años. Un día, le hizo hombre
la guerra: le dio fe, lejanías y llamas.
Llegó hasta el mar; el mar le hizo sentirse libre;
mojó en el mar su cuerpo,
conquistó tierras, hizo prisioneros,
bebió vino de muerte, sintió tristeza y sintió ira;
tal vez fuera marcado por la metralla. Estuvo vivo
como nunca lo estuvo ni volvería a estarlo.
Dio razón y entusiasmo a su vida:
se la jugó con alegría a una carta tapada.
Luego, volvió a su pueblo a ensartar días y cosechas,
a dorar con melancolías
su estatua coronada de olas.
Y he aquí que al cabo de los años
llega otra vez junto al mar luminoso.
Donde dejó entusiasmo, vida y fe,
ha encontrado el silencio,
el mismo de las eras de su aldea,
mas ya sin esperanza.
Ha desfilado entre banderas, entre cánticos;
resucitaron las palabras en la garganta joven;
ha bebido el vino de antaño
y paseado su embriaguez gloriosa.
Desde las doce a la una y media
ha durado el desfile de estos supervivientes,
nostálgicos representantes
de un drama, escrito hace quién sabe cuántos años.
Después de la comida y los discursos
cayó el telón. Y oyó el silencio de los espectadores.
Y el silencio del mar. Y el de su vida.
Dijeron: «A las nueve al autobús;
hay que llegar temprano a casa.»
Oyó el silencio de su vida.
Desconocido entre desconocidos,
anduvo por las calles, sin rumbo. Se sentó
enfrente de las olas. Volvió el naipe
y no había figura pintada en él. Y oyó el silencio.
¿Comprendéis? El nordeste cesa al atardecer.
Ya ni siquiera hace temblar la ropa de este hombre.
No le deja en la mano el aroma del arma
con que mató a la muerte hace ya tiempo.
Van los muchachos por su lado, destruyen
la muerte con la música, como ayer con la pólvora.
Destruyen con la música la vida.
Con la música crean un inmenso silencio.

Del “Libro de las alucinaciones” 1964

 
      Los últimos minutos del documental amalgaman al héroe de uniforme con medallas que camina solo por suelo isleño, con el hombre común que camina por su pueblo acompañado de su amigo Mark. 
      El momento cúlmine llegó al finalizar la proyección y los créditos. Las poco más de 10 personas que el pasado lunes veíamos la película en el cine Gaumont del barrio de Congreso de la Ciudad de Buenos Aires, nos quedamos en silencio, sin levantarnos de las butacas. De pronto, un emotivo y cálido aplauso llenó la sala. Los héroes que están acá y los que quedaron allá, desde algún lugar, parecían mirar sorprendidos,  acostumbrados a la falta de honores y de homenajes. Demasiada guerra. Demasiados muertos. Demasiada historia para ser contada en un documental que habla de tanta vida y por eso, no hay que dejar de ver.



martes, 12 de abril de 2011

L'avalée des avalés de Réjean Ducharme

El valle de los avasallados o La oscuridad de la esperanza.
por Patricia Bottero

" Cuando lo ojos se abrieron la verdad, la mentira, quién sabe, resplandecieron, la ilusión invadió al hombre, las peores alucinaciones comenzaron a bullir dentro de las profundas montañas de las tinieblas, dentro del cálido rincón de su dios."
                                                                            Réjean Ducharme/El valle de los avasallados

        No hay sensación comparable a encontrar en una novela todo el inmenso placer que promete su lectura, al conocer sólo un párrafo de ella:
     
     "Solo encuentro momentos verdaderamente felices en mi soledad. Mi soledad es mi palacio. Allí tengo mi cama, mi silla, mi viento y mi sol. Cuando estoy sentada fuera de mi soledad, estoy sentada en el exilio, estoy sentada en un país engañoso. Estoy orgullosa de mi palacio. Me entrego en cuerpo y alma por mantenerlo calmo, agradable y resplandeciente, como para recibir mariposas y aves. Si tuviera más orgullo aniquilaría con unos cuantos asesinatos a los que comprometen el bienestar de mi soledad, a los que hacen resoplar el odio en su chimenea, a los que cuelgan la tristeza de sus ventanas...Estoy sola. A veces me ausento de mi palacio. Los hay que entonces aprovechan para colarse. Tan pronto como regreso, los expulso. Cuando alguien entra en mi palacio, es porque he fallado en la vigilancia y  me  avergüenzo de ello..."

       Este fragmento pertenece a  la novela El valle de los avasallados del canadiense Réjean Ducharme , quien ganó con ella el Premio Prix du Governeur General en Canadá, a los 25 años, por su excelencia literaria. Su prosa, de un lirismo  incansable y  una sabiduría ancestral es cuidada al extremo en su exquisita forma. Es que el autor juega con las palabras, las mima, las acaricia, las seduce, las enamora, las inmortaliza y es su plena intención que lo sepamos.

       Este fragmento es también leído a la noche por Léolo, el héroe- niño de 8 años de edad, sentado en el piso con la luz de la puerta abierta de la heladera, en el film del maestro Jean-Claude Louzón.  Sin dudarlo, una voz  interior nos dice que el libro terminará en nuestras manos hasta ser devorado por completo. La tarea no es sencilla ya que no hay versiones en español, pero la esperanza no se pierde y pronto aparece una traducción de la original escrita en francés, editada por Ediciones Doctor Domaverso, una leyenda en su interior anunciará tristemente, cuando el tesoro finalmente llegue a nuestras manos gracias a un alma gemela y viajera: "Prohibida la venta en los países de Latinoamérica".
     
         Berenice es la heroína de esta historia, ella es ante todo una niña con una desborante vida interior, una niña de 11 años que llena de fantasmas y de traumas, nos encandilará con su oscura luz y su aguda visión, durante todo el relato. Un drama triste y a la vez lleno de amor que va más allá y se juega en llamar a las cosas por su nombre, los de ella, los nombres con los que Berenice nomina su mundo e ingresa en el nuestro para quedarse para siempre. Mientras Léolo en el final nos dice: " ...e iré a apoyar mi cabeza entre dos palabras dentro de "L`avalée des avalés".





Estela de madrugada de Ricardo Halac

En busca de un destino correcto. por Diego Sánchez y Solís @DiegoSyS   El Centro Cultural San Martín presenta la obra Estela de...