sábado, 30 de abril de 2011

Harold and Maude de Hal Ashby

Cuando la música es la gran protagonista
La vida y la muerte en clave de comedia negra o cuántas veces debemos morir para empezar a vivir.
por Patricia Bottero


"La coherencia no es una característica humana"
Maude


"Todos tenemos el derecho de ponernos en ridículo"
Maude


"If you want to be free, be free"
Cat Stevens


"Harold: Te amo.
Maude: Eso es maravilloso. Ve y ama todavía más."
     
      
       
        Es poco probable, cuando la historia que se quiere contar es tan potente y original, que la música alcance tal protagonismo. Harold y Maude de Hal Ashby,  película del año 1971, lo logra  convirtiéndose en parte entrañable e imprescindible del relato.
      Las hermosas canciones compuestas e interpretadas por Cat Stevens, inmortalizado por su "Father and Son", conforman la banda sonora  del film. Dos temas fueron compuestos por él especialmente para la película “Don’t Be Shy" y “If You Want to Sing Out, Sing Out”, los mismo darán inico y cierre a la cinta respectivamente, siendo el último además su leitmotiv.
      Desde los créditos vemos a  Harold, un joven millonario de 19 años, jugando al suicidio y a su egocéntrica madre aceptando partícipe el juego, mientras escuchamos “Don’t Be Shy".
      El tratamiento con su psicoanalista, a quien le dirá que su afición es asistir a  entierros y la clase de "patriotismo"  que le dará su tío militar Víctor,  son algunas de las instancias a las que recurrirá su madre, usuaria incansable de múltiples  pelucas, para "corregir" a su hijo.

      En la escena de la compra del auto usado escuchamos "On the Road to Find Out". Mientras vemos a Harold asistiendo al entierro de un desconocido escuchamos "I whish, I wish". Aquí toma contacto visual por primera vez con Maude, una mujer anarquista, quien ha estado en un campo de concentración y con sus 79 años de edad es poseedora de una vitalidad desbordante. Luego, tomarán contacto verbal adentro de una Iglesia, lo cual no es un dato menor, en relación al desenlace de la historia. Ella  será su compañera desde ese momento. Harold está atrapado. Maude es un esprítu libre. Ambos comparten la afición por los entierros. La muerte los ha tatuado para siempre, pero morir , sabemos, no está en la esencia del amor. Su relación es la temática central a desarrollarse. Cat Stevens los guía decodificando emociones y llenando de poesía el universo creado por Ashby.
      Seguidamente en la escena del próximo suicidio simulado y compartido por su madre en la piscina, escuchamos la música de  Tchaikovsky con el concierto de piano Nº 1 que le brinda toda la potencia necesaria al momento.
      La solución que implementará la madre ahora será la del casamiento. Para encontrarle candidata, ella llenará un formulario en una memorable escena seguida del tema "Miles from Nowhere".
      Una mirada de complicidad a la cámara con el espectador, la implícita relación sexual entre los protagonistas mientras escuchamos "I Think I See the Light", sumada a otras sorpresitas, la convierten en una película adelantada a su época.


     La escena de las margaritas y el cementerio, de impactante fotografía viene acompañada del tema "Where do the childen play?". A Harold le gustaría ser igual a todos, Maude le mostrará la belleza de ser diferente.
      La escultura en madera de la vagina  de la casa de Maude por donde Harold posará la cabeza,  símbolo del renacer a su lado a una vida llena de aromas, sabores, texturas,  música (ambos cantarán al piano “If You Want to Sing Out, Sing Out”) , y bailes (ellos bailarán juntos el vals "Danubio azul" de Johann Strauss) irán configurando esta particular relación desbordante de vida.
      Sobre el excelente final escuchamos "Trouble", canción compuesta por Cat Stevens en 1968, cuando estuvo internado más de un año al borde de la muerte por tuberculosis, en la que canta "Trouble, trouble  go away.  I have seen your face and it´s too much for me today..." (Problema, problema aléjate de mi. He visto tu rostro y hoy es demasiado para mí...)
      Una banda sonora inolvidable para una película diferente, plagada de humor negro que vale la pena  ver para compartir el renacer de Harold, disfrutar de la música de Cat Stevens, recordar su leitmotiv "..If you want to sing out , sing out. If you want to be free, be free..." y las frases de Maude hechas a la medida de Harold: "¡Vive!" y "!Deja que la música salga de ti!"

viernes, 22 de abril de 2011

El héroe del Monte Dos Hermanas de Rodrigo Vila

El camino de la redención.
por Patricia Bottero
"Los héroes son los que quedaron allá"
Omar Poltronieri


     

       Con una fotografía deslumbrante de las islas Malvinas  y de la provincia de Entre Ríos, una música envolvente, dramatizaciones de situaciones de guerra y de traumas post guerra en dibujos en blanco y negro; este documental clásico en su estructura, pero atípico en relación a la temática que narra, cuenta la historia de Omar Poltronieri, ex combatiente de Malvinas,  único soldado en la historia argentina en recibir la cruz " La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate" por parte del Ejército .  La fundamentación para tal reconocimiento fue por: “Constituirse durante toda la campaña en ejemplo permanente de sus camaradas, por su espíritu de lucha, sencillez y arrojo, ofreciéndose como voluntario para misiones riesgosas. En combates desarrollados en las zonas de los Montes Dos Hermanas y Tumbledown, eficazmente con una ametralladora, deteniendo ataques enemigos. Fue siempre el último en replegarse, resultando sobrepasado en ocasiones por los ingleses. Dos veces se lo tuvo por muerto, pero logró reunirse con su sección y siguió combatiendo con igual decisión y eficacia”; y su regreso a las islas después de 28 años.
       Omar camina por el desolado paisaje de las islas en busca de redención, recuerda los lugares, busca su posición, su arma enterrada en algún lugar aún fresco en su memoria, visita a sus compañeros en el cementerio argentino de Darwin, el Monumento a los caídos y reza en el altar. 
      Intercalados, sus encuentros con el ex-combatiente, oficial británico Mark Curtis, quien dirá     "Hay más muertes por suicidio después de una guerra que la cantidad de muertos en combate". Ellos mantienen una relación que sólo conoce de perdones. También se muestran los testimonios invaluables de otros héroes de Malvinas y de sus padres.
      La inocencia y la sabiduría de Omar están presentes en el relato de un hombre que destacándose en la guerra parece sólo conocer de paz. El viento en las islas no deja de soplar incansable.
      Héroe es el antónimo de cobarde nos dice la Real Academia Española. Su definición menciona varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes. Omar cuenta como terminó vendiendo calcomanías y almanaques en el transporte público para sobrevivir después de la guerra. La historia de tantos otros.
    

El documental ganó el premio "El camino de los héroes" del Bicentenario

El Héroe de José Hierro

Oí latir el corazón del mar
unido al de otras músicas -el vals, la polka, el tango,
el chárleston, el pasodoble, la rumba, el twist, el mádison-,
lo eterno y la que pasa, mano a mano.
La vida. El mar. Y las ciudades: hermosa Viena,
desasosegadora Nueva York,
pasando por París y por Madrid.
Músicas muertas en los tocadiscos
de los muchachos, como antaño en pianolas y organillos.
Música viva, como un mar que transcurre para los soñadores
-Bach, Schumann, Brahms o Debussy-;
señales de otras músicas futuras, de otras vidas,
de otros tiempos -Boulez, Berio, Stockhausen, Luis de Pablo-,
viejos probablemente cuando leáis estas palabras
viejas también, que ahora arrojo al olvido.
Entonces lo vi allí, al héroe, indiferente,
con su uniforme de guardarropía,
anacrónico. El pecho cubierto de medallas y de nobles cintajos,
maravillas de seda y cobre.
Vi al héroe, descansando sobre el banco de piedra.
Los jóvenes que pasan, navegan por la música.
Otros, ya con arrugas, oyen el canto de las olas.
Yo sólo, aquí, entre ellos, el más viejo de todos,
oigo música y mar al mismo tiempo. Es la armonía
de quien nació y ha muerto muchas veces.
No es frecuente que sea así, pero sucede, como ahora:
de súbito se encienden mar y música;
estallan tiempo, espacio, fuera y dentro;
giran deslumbradores vida de ayer y sangre fresca:
es como un huracán irresistible.
Es como un fuego. Yo iba andando
con la felicidad de adentro
y la felicidad de afuera,
suma de aquella humanidad entre la que pasaba.
Y vi al hombre: «Qué harás aquí -le dije-,
descorazonadora criatura,
carcomiendo la plenitud. Qué se habrá muerto
dentro de ti».
Y yo, que oía
todos los sones, sólo oí el silencio, su silencio,
el silencio del héroe,
sordo al mar, a la música, a sus recuerdos y proyectos.
Nueve décimas partes de su vida
debieron de pasar sin acercarse al mar,
sin sospechar siquiera qué paciencia salada,
qué artesanía de olas y de días
son necesarias para producirse
el prodigio de un árbol de coral,
la fantasía helicoidal de un caracol.
Era un héroe deshabitado, sin corona de roble
que le ciña de días gloriosos.
Despojad un instante a esta palabra
-héroe- de tantas adherencias literarias. Borrad
las iconografías consabidas:
Grecia y piedra rosada, cara al mar,
héroes ecuestres del Renacimiento…
Era otra cosa el hombre que yo vi.
Nació en alguna aldea del interior de España-
La piel endurecida, impasibles los ojos
que nada vieron nunca si no fue la llanura
circundada de encinas, donde nació y vivió.
(Donde vivió esperando
su tren de muerte, como yo ahora espero,
mientras nerviosamente escribo estos recuerdos,
al tren que ha de llegar a Medina del Campo
casi al amanecer. Estos sucesos
ocurrieron lejos de aquí, y en mí vivían
solicitando forma, para no ser pura nostalgia.
Sólo esta noche pude hallarles la palabra.)
Allí vivió veinte años. Un día, le hizo hombre
la guerra: le dio fe, lejanías y llamas.
Llegó hasta el mar; el mar le hizo sentirse libre;
mojó en el mar su cuerpo,
conquistó tierras, hizo prisioneros,
bebió vino de muerte, sintió tristeza y sintió ira;
tal vez fuera marcado por la metralla. Estuvo vivo
como nunca lo estuvo ni volvería a estarlo.
Dio razón y entusiasmo a su vida:
se la jugó con alegría a una carta tapada.
Luego, volvió a su pueblo a ensartar días y cosechas,
a dorar con melancolías
su estatua coronada de olas.
Y he aquí que al cabo de los años
llega otra vez junto al mar luminoso.
Donde dejó entusiasmo, vida y fe,
ha encontrado el silencio,
el mismo de las eras de su aldea,
mas ya sin esperanza.
Ha desfilado entre banderas, entre cánticos;
resucitaron las palabras en la garganta joven;
ha bebido el vino de antaño
y paseado su embriaguez gloriosa.
Desde las doce a la una y media
ha durado el desfile de estos supervivientes,
nostálgicos representantes
de un drama, escrito hace quién sabe cuántos años.
Después de la comida y los discursos
cayó el telón. Y oyó el silencio de los espectadores.
Y el silencio del mar. Y el de su vida.
Dijeron: «A las nueve al autobús;
hay que llegar temprano a casa.»
Oyó el silencio de su vida.
Desconocido entre desconocidos,
anduvo por las calles, sin rumbo. Se sentó
enfrente de las olas. Volvió el naipe
y no había figura pintada en él. Y oyó el silencio.
¿Comprendéis? El nordeste cesa al atardecer.
Ya ni siquiera hace temblar la ropa de este hombre.
No le deja en la mano el aroma del arma
con que mató a la muerte hace ya tiempo.
Van los muchachos por su lado, destruyen
la muerte con la música, como ayer con la pólvora.
Destruyen con la música la vida.
Con la música crean un inmenso silencio.

Del “Libro de las alucinaciones” 1964

 
      Los últimos minutos del documental amalgaman al héroe de uniforme con medallas que camina solo por suelo isleño, con el hombre común que camina por su pueblo acompañado de su amigo Mark. 
      El momento cúlmine llegó al finalizar la proyección y los créditos. Las poco más de 10 personas que el pasado lunes veíamos la película en el cine Gaumont del barrio de Congreso de la Ciudad de Buenos Aires, nos quedamos en silencio, sin levantarnos de las butacas. De pronto, un emotivo y cálido aplauso llenó la sala. Los héroes que están acá y los que quedaron allá, desde algún lugar, parecían mirar sorprendidos,  acostumbrados a la falta de honores y de homenajes. Demasiada guerra. Demasiados muertos. Demasiada historia para ser contada en un documental que habla de tanta vida y por eso, no hay que dejar de ver.



martes, 12 de abril de 2011

L'avalée des avalés de Réjean Ducharme

El valle de los avasallados o La oscuridad de la esperanza.
por Patricia Bottero

" Cuando lo ojos se abrieron la verdad, la mentira, quién sabe, resplandecieron, la ilusión invadió al hombre, las peores alucinaciones comenzaron a bullir dentro de las profundas montañas de las tinieblas, dentro del cálido rincón de su dios."
                                                                            Réjean Ducharme/El valle de los avasallados

        No hay sensación comparable a encontrar en una novela todo el inmenso placer que promete su lectura, al conocer sólo un párrafo de ella:
     
     "Solo encuentro momentos verdaderamente felices en mi soledad. Mi soledad es mi palacio. Allí tengo mi cama, mi silla, mi viento y mi sol. Cuando estoy sentada fuera de mi soledad, estoy sentada en el exilio, estoy sentada en un país engañoso. Estoy orgullosa de mi palacio. Me entrego en cuerpo y alma por mantenerlo calmo, agradable y resplandeciente, como para recibir mariposas y aves. Si tuviera más orgullo aniquilaría con unos cuantos asesinatos a los que comprometen el bienestar de mi soledad, a los que hacen resoplar el odio en su chimenea, a los que cuelgan la tristeza de sus ventanas...Estoy sola. A veces me ausento de mi palacio. Los hay que entonces aprovechan para colarse. Tan pronto como regreso, los expulso. Cuando alguien entra en mi palacio, es porque he fallado en la vigilancia y  me  avergüenzo de ello..."

       Este fragmento pertenece a  la novela El valle de los avasallados del canadiense Réjean Ducharme , quien ganó con ella el Premio Prix du Governeur General en Canadá, a los 25 años, por su excelencia literaria. Su prosa, de un lirismo  incansable y  una sabiduría ancestral es cuidada al extremo en su exquisita forma. Es que el autor juega con las palabras, las mima, las acaricia, las seduce, las enamora, las inmortaliza y es su plena intención que lo sepamos.

       Este fragmento es también leído a la noche por Léolo, el héroe- niño de 8 años de edad, sentado en el piso con la luz de la puerta abierta de la heladera, en el film del maestro Jean-Claude Louzón.  Sin dudarlo, una voz  interior nos dice que el libro terminará en nuestras manos hasta ser devorado por completo. La tarea no es sencilla ya que no hay versiones en español, pero la esperanza no se pierde y pronto aparece una traducción de la original escrita en francés, editada por Ediciones Doctor Domaverso, una leyenda en su interior anunciará tristemente, cuando el tesoro finalmente llegue a nuestras manos gracias a un alma gemela y viajera: "Prohibida la venta en los países de Latinoamérica".
     
         Berenice es la heroína de esta historia, ella es ante todo una niña con una desborante vida interior, una niña de 11 años que llena de fantasmas y de traumas, nos encandilará con su oscura luz y su aguda visión, durante todo el relato. Un drama triste y a la vez lleno de amor que va más allá y se juega en llamar a las cosas por su nombre, los de ella, los nombres con los que Berenice nomina su mundo e ingresa en el nuestro para quedarse para siempre. Mientras Léolo en el final nos dice: " ...e iré a apoyar mi cabeza entre dos palabras dentro de "L`avalée des avalés".





jueves, 31 de marzo de 2011

Museo de la Poesía Manuscrita "Juan Crisóstomo Lafinur" La Carolina-San Luis- Argentina

Los poemas de los cerros
por Patricia Bottero
"Yacía. Su rostro erguido estaba....
Los que le vieron vivir así no sabían
hasta qué punto él era uno con todo esto..."
La muerte del poeta-Rilke

Placa en la 1ª escuela fundada por Sarmiento
San Francisco del Monte de Oro- San Luis

       Partiendo de la pequeña ciudad de San Francisco del Monte de Oro, lugar donde Domingo Faustino Sarmiento fundara la primera escuela con 7 alumnos y tan  sólo 15 años de edad;  nos separan 33 kilómetros por la ruta provincial Nº 9, atravesando la Pampa de la Invernada, del valle de La Carolina.

      El camino gana altura en incontables zig zag y el lento ascenso a la montaña se produce, la meta es el cerro volcánico Tomolasta, para descender luego hasta los 2000 metros y  encontrarnos con el imponente marco, que refugia lo que fuera la casa del poeta Juan Crisóstomo Lafinur.
   

 Arroyo en la Pampa Invernada  
Punto panorámico en el ascenso al Tomolasta 
      Atrás, quedaron los bellos arroyos, las montañas con sus curvas caprichosas.
    
    Lejos, la ruta totalmente solitaria. 

    Borrosos en   la memoria,los ruidos citadinos.   
   
    
    El cielo límpido y el aire fresco de un día radiante del mes de marzo, nos invitan al recorrido apaciguado por el lugar habitado únicamente por versos. Poemas sellados en papeles adormecidos y melancólicos a la espera de pupilas encendidas que se enamoren de ellos, y los salven.
 

Punto panorámico en el ascenso al Tomolasta
      Nos escolta un camino de esculturas en bronce de cabezas de hombre y mujer extendidos en fila sobre una rampa. El silencio del salón del museo, de moderno diseño, nos invita a la lectura.
    
Camino de las esculturas
       Aquí, se albergan manuscritos originales exhibidos en vitrinas, de variados escritores regionales, nacionales y extranjeros. Algunas de los textos de artistas regionales los  encontramos también, en otras partes de las provincia.

       Entre ellos podemos leer el poema Digo la Mazamorra del poeta merlino, Antonio Esteban Agüero, nacido en Piedras Blancas que está colocado en su morada, próximo al algarrobo “Abuelo” en la Villa de Merlo. Allí son los brazos cansados del “Abuelo” los que lo protegen, aquí es la mirada totémica del cerro Tomolasta la que no lo descuida ni un segundo. En todas partes, es la inefable, Mercedes Sosa, quien le puso la voz y el alma, como sólo ella sabía hacerlo a este poema:

Digo la mazamorra

La Mazamorra, ¿sabes?, es el pan de los pobres,
la leche de las madres con los senos vacíos,
- yo le beso las manos al Inca Viracocha
porque inventó el Maíz y enseñó su cultivo -.

Sobre una artesa viene para unir la familia,
saludada por viejos, festejada por niños,
allá donde las cabras remontan el silencio
y el hambre es una nube con las alas de trigo.

Todo es hermoso en ella: la mazorca madura,
que desgranan en noches de viento campesino,
el mortero y la moza con trenzas sobre el hombro
que entre los granos mezcla rubores y suspiros.

Si la prefieres perfecta busca un cuenco de barro,
y espésala con leves ademanes prolijos
del mecedor cortado de ramas de la higuera
que en el patio da sombra, benteveos, e higos.

Y agrégale una pizca de Ceniza de jume,
la planta que resume los desiertos salinos,
y deja que la llama le transmita su fuerza
hasta que asuma un tinte levemente ambarino.

Cuando la comes sientes que el Pueblo te acompaña
a lo largo de valles, por recodos de ríos,
entre las grandes rocas, debajo de cardones
que arañan con espinas el cristal del estío.

El Pueblo te acompaña cada vez que la comes,
llega a tu lado, ¿sabes?, se te pone al oído
y te murmura voces que suben a tu sangre
para romper la niebla del mortal egoísmo.

Porque eres uno y todos, comiendo el alimento
de todos, en la fiesta del almuerzo tranquilo;
la Mazamorra dulce que es el pan de los pobres,
y leche de las madres con los senos vacíos.

Cuando la comes sientes que la tierra es tu madre,
más que la anciana triste que espera en el camino
tu regreso del campo, la madre de tu madre,
- su cara es una piedra trabajada por siglos -.

Las ciudades ignoran su gusto americano,
y muchos ya no saben su sabor argentino,
pero ella será siempre lo que fue por el Inca:
nodriza de los pueblos en el páramo andino.

La noche en que fusilen canciones y poetas
por haber traicionado, por haber corrompido
la música y el polen, los pájaros y el fuego,
quizás a mi me salven estos versos que digo ...

Antonio Esteban Agüero en
 "Un hombre dice su pequeño país"

Museo de la Poesía Manuscrita
      Algunos manuscritos requieren del esfuerzo visual por desentrañar lo que la letra borroneada acoge. Otras veces, los mismos están expuestos en gigantografías que aunque más legibles y vistosas, carecen del valor del puño y letra, del papel amarillento, compañero y cómplice de largas horas de ahínco por hallar la palabra precisa para después, victoriosos disfrutar la saciedad que eso provoca.

     Polifacético, Lafinur fue filósofo, docente reformista, maestro en artes, teniente en el ejército de Manuel Belgrano, dramaturgo, músico, periodista, abogado y poeta. Su nombre alude a Crisóstomo, uno de los padres de la iglesia griega, mencionado por el Dante en el Canto XII, de los espíritus sabios, del Paraíso de la Divina Comedia.
     
     Entre sus poemas patrios expuestos encontramos:

 Canto elegíaco a la muerte del General Manuel Belgrano


¿Por qué tiembla el sepulcro, y desquiciadas
sus sempiternas losa de repente,
al pálido brillar de las antorchas
los justos y la tierra se conmueven?
El luto se derrama por el suelo
al ángel entregado de la muerte,
que a la virtud persigue: ella medrosa
al túmulo volóse para siempre.
Que el campeón ya no muestra el rostro altivo
Fatal a los tiranos; ni la hueste
Repite de la Patria el sacro nombre,
Decreto de victoria tantas veces.
Hoy enlutando su pendón, y al eco
del clarín angustiado, el paso tiende,
y lo embarga el dolor; ¡dolor terrible
que el llanto asoma so la faz del héroe!...
Y el lamento responde pavoroso:
Murió Belgrano, ¡oh, Dios! ¡así sucede
la tumba al carro, el ¡ay! Doliente al ¡viva!,
la pálida azucena a los laureles!
¡Hoja efímera cae!, ¡tal resististe
al Noto embravecido y sus vaivenes!
¡La tierra fría cobra tus despojos,
que abarcará por siempre!; mas no puede,
¡campeón ilustre! ¡atleta esclarecido!,
la mano que te roba hollar las leyes
que el corazón conoce; envanecido
el jaspe os mostrará a los descendientes
de la generación que te lamenta.
La patria desolada el cuello tiende
al puñal parricida que le amaga,
en anárquico horror: la ambición prende
en los ánimos grandes, y la copa
da la venganza al miedo diligente.
Aún de Temis el ínclito santuario
profanado y sin brillo; el inocente,
el inocente pueblo, ilustre un día,
a la angustia entregado; el combatiente
sus heridas inútiles llorando
escapa al atambor; el país se enciende
en guerra asoladora que lo ayerma,
asoma la miseria, pues que cede
la espiga al pie feroz que la quebranta,
y ¿ora faltas Belgrano?...¡Así la muerte
y el crimen, y el destino de consumo,
deshacen la obra santa, que torrentes
vale de sangre y siglos mil de gloria,
y diez años de afán!...¡Todo se pierde!
Tu celo, tu virtud, tu arte, tu genio,
tu nombre en fin, que todo lo comprende,
flores fueron un día; marchitólas
la nieve del sepulcro. Así os lamente
la legión que a la gloria condujiste:
con tu ejemplo inmortal probó el deleite,
la magia del honor, y con destreza
amar le hicisteis el tesón perenne,
el hambre angustiadora, el frío agudo...
Suspende ¡oh, musa! Y al dolor concede
una mísera tregua. Yo lo he visto
al soldado acorrer que desfallece,
y abrazarlo, cubrirlo y consolarlo.
Ora rayo de Marte se desprende,
y al combate amenaza y triunfa y luego
¿qué más hacer?...El desairar la suerte,
y ser grande por sí, ésta no es gloria
del común de los héroes; él la ofrece
en pro de los rendidos que perdona.
Ora el genio se presta y lo engrandece:
corre la juventud, y a la natura
la espía en sus arcanos, la sorprende,
y en sus almas revienta de antemano
el germen de las glorias. (4) ¡Oh! ¡quién puede
describir su piedad inmaculada,
su corazón de fuego, su ferviente
anhelo por el bien! Solo a ti es dado,
historia de los hombres: a ti que eres
la maestra de los tiempos. El arca de oro
de los hechos ilustres de mi héroe,
en ti se deposita; recogedla,
y al mundo dadla en signos indelebles.
Y vos, ¡sombras preciosas de Balcarce,
de Oliver, de Colet, Martínez, Vélez!,
ved vuestro general; ya con vosotros;
abridle el templo que os mostró valiente.
¡Tucumán! ¡Salta! ¡Pueblos generosos!
Al héroe del febrero, y del septiembre
Alzad el postrer himno, mas vosotras, 
Vírgenes tiernas, que otra vez sus sienes
Coronasteis de flores, id a la urna,
y deponed con ansia reverente
el apenado lirio; émulo hacedlo
de los mármoles, bronces y cipreses.

Juan Crisóstomo Lafinur 

      Los retratos de los toilletes están señalizados con los nombres de quienes fueran los habitantes del lugar: Carmen y Juan. ¿Quién no soñó alguna vez con un refugio en la montaña? ¿Quién no soñó con inviernos de  cerros nevados y veranos de cielos tan puros como el que hoy nos ofrece majestuoso el valle de La Carolina?

      Algo potente, hermoso y a la vez triste y mudo hay en el aire de las afueras del museo; cuando de pronto leemos que Juan Crisóstomo Lafinur murió con tan sólo 27 años de edad, algunas sensaciones parecen descifrarse. Cruzando un puente yace su tumba, volvemos a mirarla, ya no es la misma tumba de hace unos minutos, ya no somos los mismos visitantes…

     A través de un panel que figura cerca del monumento en granito, donde el dueño descansa, podemos leer un poema que le dedicara, Jorge Luis Borges. Una investigación posterior nos develará que Lafinur fue su tío abuelo paterno.


Juan Crisóstomo Lafinur (1797-1824)

“El volumen de Locke, los anaqueles,
la luz del patio ajedrezado y terso,
y la mano trazando, lenta, el verso:
La pálida azucena a los laureles.
Cuando en la tarde evoco la azarosa
procesión de mis sombras, veo espadas
públicas y batallas desgarradas;
con Usted, Lafinur, es otra cosa.
Lo veo discutiendo largamente
con mi padre sobre filosofía
 y conjurando esa falaz teoría
   de unas eternas formas en la mente.
 Lo veo corrigiendo este bosquejo,
  del otro lado del incierto espejo”.
 
                   
 “La Moneda de Hierro” de Jorge Luis Borges
      Más atrás, vemos un laberinto borgiano donde juegan algunos niños. Sus risas nos hacen imaginar al niño que alguna vez fue feliz allí.
      Nuestro camino continúa. La visita nos ofreció impresiones distintas a las imaginadas. Los manuscritos fueron una parte del recorrido, las poesías no estaban sólo en los sitios esperados, quedaron en la impronta que nos llevamos dentro, basta entender el idioma secreto de los cerros. 

miércoles, 30 de marzo de 2011

Canillita de Florencio Sánchez. Rosario- Santa Fe

Con alma "canillita " y...rosarina.
por Diego Sánchez y Solís
para amartuarte

          En homenaje a la figura del dramaturgo Florencio Sánchez, el teatro municipal La Comedia de la ciudad de Rosario, Santa fe, Argentina, repuso su obra “Canillita” en el mismo escenario que hace más de un siglo la vio nacer. Esta nueva versión esta interpretada por un numeroso elenco rosarino y dirigida por Alicia Zanca y Hernán Peña.
      El espectáculo comienza desde que el público hace fila para ingresar a la sala, ese momento es acompañado por tres actores que representan música en vivo.
      La historia transcurre en un conventillo de principio del siglo XX . Mientras el espectador se acomoda en su butaca puede divisar algunos artistas interpretando a chicos a las corridas vendiendo diarios por alrededor de los pasillos, una discusión de vecinos del lugar, hasta escuchar canciones entonadas a capela desde los palcos.
      La idea de ambientar todo el espacio durante el ingreso es bárbara. A uno le da la sensación de ser participe de la historia. Una vez que el publico esta ubicado la ficción continua en el escenario.
      La trama nos narra los comienzos de los canillitas. Además muestra la problemática de las personas que viven en los conventillos.  El tema principal es el abandono y la necesidad de conseguir un trabajo digno. El final presenta una situación de venganza.
       La obra tiene un buen ritmo, los bailes, las canciones y el gran trabajo de Vanesa Bacelliere personificando a Canillita, su hermosa voz  le da un clima precioso.
      El vestuario es adecuado a la época y la iluminación impone todo su brillo.
     Al concluir la función el espectador sale del teatro satisfecho de haber asistido y disfrutado de un excelente espectáculo.
                        


Twitter@DiegoJSyS

domingo, 6 de marzo de 2011

Dogtooth de Giorgos Lanthimos

Acerca del poder supremo de los padres en la desconstrucción de sus hijos.
por Patricia Bottero
      

      Film devastador, de esos de los que uno tarda en recuperarse, porque permanecen mucho tiempo resonando en nuestra mente. Feroz y fatal. Una narración que aunque por momentos se repite, se anima a más. Basada en el mito de la caverna de Platón, la película es de una violencia psicológica constante con estallidos de violencia física, tal vez, innecesarios para el relato que se propone contar.
        Muestra la recategorización semántica sistemática del léxico cotidiano, el (des)construir la realidad y el mundo de una familia autoaislada y altamente alienada. Un universo ficcional que se burla de los padres en general y de esta versión monstruosa en particular, que aludiendo al “lo digo por tu bien”, fomentan la inmadurez, el incesto, la deshumanización y la esclavitud animal en sus hijos; todos con cicatrices físicas que sanarán aunque dejarán sus huellas y de las otras, las imborrables, de las que ya, no podrán salvarse.
       La caída del “canino” (diente de la boca que cae entre los 10 y 12 años , que en estos hijos adolescentes con sus caninos definitivos no pasará),  es en este mundo creado por el griego Lanthimos, el pasaje directo a la libertad, la horrorosa huida del infierno que le costará al que se anime a intentarlo, quizás su propia vida.
       Su título original es Kynodontas, su traducción en inglés es Dogtooth, pero su traducción correcta al castellano sería Colmillo, ya que ese, es el nombre que se le da al diente canino en los animales, haciendo referencia al adiestramiento sistemático y literal de perros, al que someten estos padres a sus hijos.
       Una alegoría a lo perverso de la filiación mal entendida, la construcción minuciosa de un camino sin salidas, con los muros tan altos como los de la casa que habita esta familia.
       Una película no apta para menores ni para mayores que se crean poseedores, de la última palabra.

sábado, 5 de marzo de 2011

La familia argentina de Alberto Ure (II)

Una temática eterna, una obra única.
por Diego Sánchez y Solís
para amartuarte

Cantero-Crespo- Machín

           La temporada 2011 del Centro Cultural de la Cooperación nos ofrece un gran espectáculo, La familia argentina de Alberto Ure, única obra escrita por el autor. Esta nueva versión es dirigida por Cristina Banegas y representada por Claudia Cantero, Carla Crespo y Luis Machín.
La historia nos sitúa en el departamento de Gaby (Carla Crespo), hija de Laura (Claudia Cantero) e hijastra de Carlos (Luis Machín). Allí convive con Carlos.
El conflicto comienza cuando la madre se entera de que su reciente ex marido mantiene una relación amorosa con su hija y aparece en escena de visita con el fin de encontrar una explicación de lo sucedido. El tema principal de la obra es el incesto, aunque Gaby es la hija adoptiva de Carlos, él siempre se comportó como su padre verdadero debido a la ausencia del padre biológico. Además durante el desarrollo de la trama se abordan muchos otros temas: violencia, abandono, infidelidades, alcoholismo, frustraciones,etc.
Su directora, Cristina Banegas, le da un buen ritmo a la obra en el cual logra que al espectador se introduzca en la historia desde un principio.
En el epílogo nos muestra los fracasos de estas criaturas en busca de la manera de seguir adelante con sus vidas.
Con respecto a la escenografía es simple, con pocos elementos nos presenta un living con claridad. La vestimenta de los personajes tan actual, no es la adecuada para la época. Alberto Ure escribió esta obra a fines de la década del 80, y eso quizás tenga un sentido.Greta Ure, es hija del autor y la encargada del vestuario. Es probable que a través de la indumentaria haya querido representar lo contemporáneo de la temática: estas familias disfuncionales, siempre existieron y seguirán por la eternidad.
La actuación de Luis Machín es notable, sublime. Claudia Cantero,  bien, acompaña, lo contrario pasa con Carla Crespo que no consigue el nivel de los demás.
Sin dudas es un excelente espectáculo, para mirar, disfrutar y recomendar.


Twitter@DiegoJSyS

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