sábado, 21 de septiembre de 2013

El llano en llamas de Juan Rulfo

Uno ha creído a veces...que nada habría después.

Fragmento: Cuento Nos han dado la tierra de El llano en llamas de Juan Rulfo
Foto: Patricia Bottero


Cañón de Talampaya

    Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.
    Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar  nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. 
     Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.
     Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.
   Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:
-Son como las cuatro de la tarde


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