sábado, 15 de enero de 2011

Incriminados de Peter Handke

La belleza y la desesperación de estar Incriminados.
por Patricia Bottero




     Sobre un sutil signo de interrogación sin punto, ya que de lo que se habla es en su esplendor de cuestiones existenciales, que es también el camino de la vida, los dos protagonistas inician el recorrido de sus existencias, que es el de todas las vidas. La iluminación perfecta los acompañará en cada momento de la obra creando climas únicos e hipnotizando desde que se encienden las luces al espectador.

     El bellísimo y poético texto de Peter Hanke que celebra a Lagarce en "Estaba en mi casa esperando que llegue la lluvia", por su musicalidad y a "Reglas, usos y costumbres de la sociedad moderna" , por su inteligente ironía, llenan de encanto la sala. También Réjean Ducharme es homenajeado, en su versión narrada de "El valle de los avasallados" por su constante juego de palabras y a ambos, por su honestidad carnal.

     La gramática del texto se mece sobre oraciones cortas y simples, como la VERDAD misma, que estos seres enfrentan con valentía. Claro, acá no hay parlamentos enmarañados que intenten disfrazar u ocultar sus contradicciones ya que desde el inicio se reconocen incriminados.

     Al promediar la obra, la hermosura del texto se torna desesperación. Es en ese momento, cuando los vemos a ellos en la cima de su vulnerabilidad gritando en simultáneo y desgarradoramente sobre distintos momentos de sus vidas. Gritan sus frustraciones, sus fracasos, su desesperación, su bronca para después sacar su costado oscuro y maléfico, el que nunca, por supuesto, se animaron a mostrar.

     La elección de que la voz en off sea la de una nena recitando partes del hermoso poema "Canción de la niñez " también de Handke, en su intento por generar ternura, otorga sin embargo, cierta innecesaria tenebrosidad al relato e incomoda.



     Después de haber atravesado todas las sensaciones y los estados, la obra finaliza contundente, con la confesión que ninguno de los presentes hubiéramos querido escuchar y el ciclo, vuelve a comenzar.

     Lírico e inteligente texto, puesta impecable, actuaciones convincentes y la pregunta que queda flotando: ¿Estar incriminados, ser discriminados por no estarlo o vivir buscando exculpación?

     Brillante y lograda segunda puesta de Leonor Manso, quien muestra una marcada evolución con relación a su modesta y opaca anterior versión de "Antígonas"

Centro Cultural de la Cooperación-  (2010)



Peter Handke - Lied Vom Kindsein (Canción de la niñez)

 y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

 Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y no soy vos?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño?
Lo que veo oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad es mala?
¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,
no fuera antes de existir;
y que un día yo, el que yo soy,
ya no seré más éste que soy?

Cuando el niño era niño,
no podía tragar las espinacas, los porotos,
el arroz con leche y el coliflor.
Ahora lo come todo y no por obligación.

Cuando el niño era niño,
despertó una vez en una cama extraña,
y ahora lo hace una y otra vez.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, con suerte, solo en ocasiones.
Imaginaba claramente un paraíso
y ahora apenas puede intuirlo.
Nada podía pensar de la nada,
y ahora se estremece ante a ella.

Cuando el niño era niño,
jugaba abstraído,
y ahora se concentra en cosas como antes
sólo cuando esas cosas son su trabajo.

Cuando el niño era niño,
como alimento le bastaba una manzana y pan
y hoy sigue siendo así.

Cuando el niño era niño,
las moras le caían en la mano como sólo caen las moras
y aún sigue siendo así.
Las nueces frescas le eran ásperas en la lengua
y aún sigue siendo así.
En cada montaña ansiaba
la montaña más alta
y en cada ciudad ansiaba
una ciudad aún mayor
y aún sigue siendo así.
En la copa de un árbol cortaba las cerezas emocionado
como aún lo sigue estando.
Era tímido ante los extraños
y aún lo sigue siendo.
Esperaba la primera nieve
y aún la sigue esperando.

Cuando el niño era niño,
tiraba una vara como lanza contra un árbol

y ésta aún sigue ahí, vibrando.
Cuando el niño era niño,
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente,
y este charco el mar.

Cuando el niño era niño,
no sabía que era niño,
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño,
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ningún hábito,
frecuentemente se sentaba en cuclillas,
y echaba a correr de pronto,
tenía un remolino en el pelo

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