domingo, 16 de enero de 2011

La hora de la religión de Marco Bellocchio

¿Cómo creer… cuando “la sonrisa de la madre” lo ha eclipsado todo?
por Patricia Bottero
“El verano se escapa y ya nada queda
Somos felices en el sol
Y aún eso no basta.
Una hoja de cinco puntas descansa en mi mano.
Y aún eso no basta.
Lo bueno y lo malo no ha pasado en vano.
Todo es limpio y brillante.
Y aún eso no basta.
La vida me toma bajo sus alas y me lleva.
He tenido suerte.
Y aún eso no basta.
Las hojas y ramas no están muertas
Y aún eso no basta.
El día es tan limpio como un cristal.
 Y aún eso no basta.”

       El vacío existencial del que se habla, sólo lo llena la Fe para el creyente, es el único plato al que no le falta nada, la Fe en la película simbolizada en la joven rubia de imagen celestial, que nadie ve más que Ernesto, porque sólo él sin saberlo la necesita, el resto de la familia se ha resignado a todo, sólo le queda la especulación y la miseria espiritual.

     Esta extraordinaria obra de un gran artista, muestra el camino interior de un hombre ateo y sólo, brillantemente interpretado por Sergio Castellito, frente a su familia, desde que se entera que van a canonizar a su madre asesinada por su hermano discapacitado mental, hasta que encuentra algo parecido a la paz.

     Ernesto Picciafuoco siempre sonríe, se rie, hace una sonrisa, parece como que la gesticula, no se sabe con certeza si son sus ojos o sus labios los que esbozan una sonrisa.¿Aprecio, desprecio, burla, indiferencia?

    En la película se blasfema, pero el que blasfema es Egidio, el hermano enfermo mental y asesino de la madre supuestamente mártir, a quien se pretende canonizar, justamente por haber suplicado a su hijo que no blasfeme. Escena impactante que recuerda en el clima logrado a "El octavo día" del gran Jaco Dormael.

     Ernesto confiesa:”La sonrisa de mi madre, una sonrisa indiferente, mortal, porque ella pensaba que le pertenecías, porque te había dado la vida. Una sonrisa que jamás podré borrar de mi cara… mi madre era una asesina, de hecho ella mató a Egidio quien nunca sonríe. Yo no puedo sonreír más."

     En la película se blasfema, pero el que blasfema es Ernesto, único hermano asumido ateo y lo hace desde el arte, como vía para sublimar su oscuridad y volver a la luz.

     Es por eso que en su acto blasfemo del final destruye con su arte o su imaginación, los símbolos del Vaticano, que para él no representan a Dios sino a “su madre” y en su lugar dibuja exuberante, colorida y hermosa vegetación, tal vez, una nueva interpretación de la sonrisa de su madre. El triunfo de la Vida sobre la Muerte, la muerte de los ideales, de las imposiciones dogmáticas, de las sonrisas indiferentes y mortales. El nacimiento de la Vida en su escencia más pura y con toda su fuerza arrolladora.

     Gran momento cinematográfico, el duelo entre Ernesto y el Conde, símbolo de la lucha entre el Bien y el Mal, excelentemente logrado, filmado y actuado.

     En los últimos minutos, la joven y el símbolo de la Fe, de alguna fe posible, bellamente filmado, a quien él busca, espera, se le escapa, la encuentra y la posee. La imagen implacable del conjunto de los miembros de la Iglesia y su familia para la Audiencia con el Papa pre-canonización. Ernesto dejando a su hijo en el colegio y la imagen del final que contrasta con la del inicio, allí, subiendo las escaleras del colegio, donde antes había una enorme pared, ahora flamea imponente la bandera de la Unión Europea, simbolizando su victoria personal sobre las dificultades y la adversidad. Él ya no sonríe. El desafío será ahora encontrar su propia sonrisa.

1 comentario:

Fernando Fauszleger dijo...

Hola, te dejo un link donde la actriz italo-argentina Jacqueline Lustig, habla de su trabajo con Bellocchio en La hora de la religión: http://www.aguaprensa.com.ar/blog/category/cine

Saludos!
Fernando